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EVANGELIO DOMINICAL

Semana del 10 al 16 de julio de 2016

Lucas 10, 25-37

 

“Parábola del Buen Samaritano”

 

 

La parábola evangélica narrada por San Lucas forma parte de una serie de imágenes y narraciones extraídas de la vida cotidiana, con las que Jesús nos enseña el amor profundo de Dios por todo ser humano, especialmente cuando experimenta la enfermedad y el dolor. El buen samaritano es Jesús mismo, el que cura nuestras heridas con el aceite del consuelo y el vino de la alegría.

Una vez que el Señor ha desaparecido visiblemente de entre nosotros, es la Iglesia, formada por todos los bautizados, la que debe ser buena samaritana al estilo de Jesús. Con las palabras finales de esta parábola «Anda y haz tú lo mismo» (Lc 10,37), el Señor nos señala cuál es la actitud que todo discípulo suyo debe de tener hacia los demás, especialmente hacia los pobres, marginados, enfermos, excluidos y los necesitados de atención. Se trata por tanto de extraer del amor infinito de Dios, a través de una intensa relación con Él en la oración, la fuerza para vivir cada día como el Buen Samaritano, con una atención concreta hacia quien está herido en el cuerpo y el espíritu, hacia quien pide ayuda, aunque sea un desconocido y no tenga recursos. Esto no sólo vale para los agentes pastorales y sanitarios, sino para todos, también para el mismo enfermo, que puede vivir su propia condición en una perspectiva de fe: «Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito» (Enc. Spe salvi, 37).

 

"Dios te bendice por tu solidaridad con la obra Pro-Fe de la Iglesia Católica en bien de tus hermanos"


 

Comunicación y Difusión Pastoral

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